La Coctelera

Categoría: La columna de Torcuato Merengano

Lo explico con monitos

Por Torcuato Merengano, el explícito
No es necesario que me explaye en mis críticas a Central Periférico. Los resultados hablan por sí solos. Más que nada como un ejercicio nostálgico me di una vuelta por la cancha para presenciar el que yo pensaba que sería un lamentable espectáculo. No me equivoqué. Y para que no se me acuse de emitir juicios ligeros traigo contundentes testimonios gráficos que avalan el deterioro deportivo y espiritual de este equipucho. Por estas razones Central no va ni a la esquina.

1 Nulo espíritu de equipo

Ojo con la imagen. Milagrosamente el CCCP logra meter un gol. Y que pesa, el anotador se queda solo festejando su acierto, nunca mejor dicho. El resto sigue en sus puestos y el único que se acerca, en vez de saludarlo, le pregunta quién toca en el Festival del Barrio Yungay. Ultimo.
















2. Una cosa de ubicación
Qué foto más gráfica. La concordancia entre la pelota y el lugar donde se encuentra el arquero ahorra comentarios. Le pelota en el aire y él mira para atrás. Uf.




















3. El murciélago
Todos admiran a Batman en CCCP. Sólo así se explican los cinco jugadores pegados a la portería. La pregunta de rigor: ¿dónde está el arquero?.














4. El "trabajo táctico"
Sin duda la maniobra más penosa del encuentro. El "creador" la toca de taco y el "goleador" la tira a 20 metros del arco. Una perfecta jugada de lavatorio.

















5. Reventar sin transar
La técnica en el olvido. Viene la pelota en el aire y lo único que importa es reventarla. Eso, claro, si finalmente el jugador logra coordinar pie con bola. En CCCP nunca lo dé por hecho.



















6. Poquita fe
Cobran el penal y el arquero qué hace. En vez de decir "ni cagando me lo meten" o algún aleonamiento se queda pasmado en el piso, acariciando la pelota antes que la vea pasar. No puede ser.
















7. Confianza en el compañero.
Se está pateando el penal y los defensores de CCCP miran atentamente el remate. "Ni amarrados nos perdemos el gol" parecen decir. Ni esperanzas de ir a esperar un presunto rebote. En fin.
















8. Enredados con el árbitro
Reclamando por las puras. Distrayendo la atención de lo importante en una discusión estéril. Estéril, esa es la palabra.































9. Sin comentarios
Con esa ponchera no se puede jugar a la pelota. Eso nomás.






























10. "Despliegue defensivo"
Notable ver como los cuatro defensan luchan denodadamente para atrapar al único delantero del rival. Debe ser de apellido Messi o por ahí.














11. No puede ser
El ariete está muerto. El suplente, en un gesto delator, entra con una botella a la cancha pa que pueda seguir caminando. Penoso señores!!!, la-men-ta-ble!!!



















Bueno, estos son sólo algunos de los factores que explican la derrota. Central agoniza y nadie hace algo. Nadie le ha puesto remedio pudiéndolo remediar. Los jugadores, resignados, miran al horizonte y preguntan "¿dónde vamos?"
































Yo no sé dónde van. Pero sí tengo algo claro. Si quieren hacer algo, llegar a alguna parte, ganar algún partido, la solución es una. Que se vayan todos.

PS: gracias a la apuesta reportera que obtuvo las instantáneas. Y gracias por facilitarlas para este somero trabajo analítico.

NO HAY NADA QUE FESTEJAR

Hace algunas semanas el Club Colérico Central Periférico ha conseguido llegar a su primer año de vida. Y lo que los amantes del fútbol bien jugado pensamos que sería una etapa de introspección, de análisis de los innumerables elementos por mejorar y, más aún, de la necesaria purga para que este conjunto llegue a alguna parte, se transformó en fecha muerta que pasó sin pena ni gloria mientras el equipo partía a su esperado encuentro con sus amigos los sinsabores. Claro, la semana pasada ganó, pero desperdició tres encuentros ante rivales que tenían menos méritos que la ministra de Cultura.

¿Y qué hizo el equipo por la fecha? Nada. De hecho, a duras penas han llegado los jugadores necesarios para presentarse a la cancha. Qué decir de la primera fecha, apenas seis deportistas, por llamarlos de alguna manera. Qué vergüenza, que desapego, que carencia, que desazón, que ganas de llorar en esta tarde gris (tango, ver google pa los mozalbetes reggetoneros y seguidores de Cristián Castro).

Lo más preocupante, sin embargo, viene de la mano del síndico auto-designado, auto-retirado y que pese a que se supone que no tiene cargo sigue organizando todo. Este caballero insiste en que hay que hacer una comida para “festejar” el primer año de vida. Comenzó con un plato único bailable en el Bali Hai, después le dio con la parrillada en un local por los bajos fondos de Macul y quién sabe qué querrá ahora. Es el colmo!. Si quieren hacer reuniones yo los llevaría de inmediato a que se juntaran en una escuela de fútbol a ver si aprenden a parar la pelota!!!. Desvergonzados!!!.

Más inquietante aún son las intenciones de algunos integrantes del plantel que piensan tener artistas invitados extraídos de algunos desmejorados centros de eventos capitalinos para complementar el festejo. Se hace mención a alguien de nombre “Torito” que si no es el famoso puntero derecho de Barrabases no sé qué puede tener que ver con los padecimientos de un amago de equipo que tiene menos brillo que la fonda del famoso Pini, según me contaron algunos presentes en la reunión. Y cobró más encima el caradura.

Central llegó a su primer año, y tal como lo señalan las actividades de su dirigencia sigue rumbo hacia el despeñadero. Preocupado de cualquier cosa menos de lo importante, con poca presencia en la cancha y peor aún, con los mismos en la cancha. Se puede festejar un aniversario en esas condiciones? Por supuesto que no!!!. Soluciones?, una sola y no me cansaré de decirlo hasta que me queden las fuerzas, me dure la próstata y no se me salga la placa: ¡¡¡Que se vayan todos!!!.

El dulce sabor de la realidad

Por Torcuato Merengano, el que siempre lo dijo.

“Hay jugadores que son troncos un día y son malos, hay otros que son tiesos una temporada y son peores, hay otros que no dan pie con bola toda su carrera y son natres, pero hay otros que nacieron para hacer el loco toda su vida, esos son los de Central”.

Bechtholdt, Carlos Bechtholdt, ex Audax Italiano y Unión San Felipe.

Hasta que perdió Central. Con un poco más de demora de lo que se pensó inicialmente, ocurrió lo que tenía que pasar más temprano que tarde. Les dieron guaraca a los hueones.

Dominados de principio a fin, los ex leones del Periférico demostraron lo que son en todo su esplendor. Mediocres, tibios, troncos, pavos, pencas. Clavito Godoy se haría un cóctel si tuviera que definirlos, tendría que mandarse a hacer una pizarrita XL.

Qué más se puede decir. Que no hay que escudarse en nimiedades, si faltaron jugadores hubo otros y las actuaciones individuales dejaron mucho que desear. Si se me permite un par de conceptos por cabeza diría lo siguiente:

El arquero: ya no hacen guantes como los de antaño, los que se ponía el Loco Araya, Escuti, el Gringo Nef, el Maestro Guerrero forzando un poco la memoria. Guantes sin dedos no sirven de nada, pobre muchacho, no tuvo la culpa.

Defensa 1: uno bajito con cara de pelusa: más desordenado que cumpleaños de mono. Corre como loco y se cree bueno pa la pelota, pobrecito. Al medio quería jugar el perla, las patitas.

Defensa 2, el de anteojos ensangrentados: tienen vidrio esos anteojos? Porque parece que no viera nada!!!. Cómo reparte ese hombre!!! y ni les achunta!!!! puras voladoras al aire!!!. Si supiera parar la pelota podría ser menos cacho para el equipo. Y se quería proyectar el perla, las patitas.

Lateral volante 1, un ex defensa: jugando al medio encontró su puesto: la defensa, qué manera de dar la hora, pobrecito, no es su culpa.

Lateral volante 2, el síndico: si le pagaran por metro corrido ganaría más que documentalista de organilleros. Un remolino, se da vueltas y queda donde mismo. Tiene muchas virtudes, fuera de la cancha.

Volante central 1, el Pini: con los tres goles que metió debería estar indultado, pero eso mismo demuestra su nulo sentido táctico y mínimo respeto por el esquema y sus compañeros. Se cree bueno y nadie le cree. Los goles de pura cueva, por cierto.

Delantero: bueno, hay que entenderlo al tatita. Un delantero que no sólo no hace goles, sino que además ni siquiera patea al arco. Dicen que jugaba, seguramente en la misma época en que yo era una persona de bien. Es como Lucho Gatica, antes emocionaba y ahora sólo da pena.

Bueno,ahí están. Entre todos no hacen uno. Bien barata la sacaron. Y más encima los sinvergüenzas dicen después de dar la hora que “alguien tenía que botar al gigante”. Descarados de moledera!!!!!, que se vayan todos!!!!!.

Imparables

Por Torcuato Merengano
Así están los jugadores de Central. Y no lo dicen los adversarios, sino las decepcionadas y ansiosas parejas de los integrantes del plantel, que dicen que las dichosas herramientas de los ex insaciables se volvieron "imparables" cuando más se les requiere en la cancha de verdad, al parecer, abrumados por el desgaste que les lleva tener la campaña que han cumplido hasta el momento y que los ha convertido en un equipo parejo. Es, en resumen, este "desgaste parejo" el que volvió "imparables" a los presuntos guerreros.


Y sí, el equipo está en racha. Son cinco partidos, podrán ser veinte, y pasarán los días, pasarán los años, nuevas ilusiones, otras despedidas. Y qué pasa, que la peineta no pasa. A qué me refiero, dejando de un lado la retórica manida, a que Central parece no ser más el equipo simpaticón que se dejaba vapulear con toda gentileza por el rival más tronco. Y bruscamente, ahora se ve otra actitud, otro juego, otros resultados. Y así, por cierto, otro comportamiento. Ahora, por ejemplo, ocurre que cualquier integrante del equipo dice con todo desparpajo delante de los rivales en los camarines que "menos mal que nos tocó un partido más relajado esta fecha", según me comentan fuentes cercanas al equipo. Menoscabar un rival, algo impensado para quienes se rompieron la espalda de tanto ir a buscar la pelota ante el maltrato del adversario y que debieron escuchar las mismas palabras de boca del bravucón de turno.

Qué decir del patético juego en la interna impulsado por el tal Pininosecuanto para mantener la titularidad que a duras penas se justifica en la cancha. Poniendo a los integrantes del equipo en una incómoda discusión que atenta contra los más mínimos elementos de convivencia básica. Y claro, es entendible que ante un tenue momento de luz dentro de ese largo túnel llamado Central Periférico y que alguna vez pareció interminable, los de mayores ambiciones (que no siempre son los de mayores capacidades) busquen la ocasión de llegar a puertos más seguros y que garanticen jornadas más felices que este paso transitorio por las efímeras y no tan anchas alamedas del bienestar que está viviendo el alguna vez eterno colista.

En resumen, es evidente que Central es otro equipo, por más que se mantengan las camisetas, algunos rostros de los que tuvieron el privilegio de vivir sus queridas humillaciones iniciales y a pesar de que persista cierto relajo anímico que los hace ir a jugar más allá de su inconstante suerte deportiva. Sin embargo, y pese a todo, se puede ver en los rostros de los otroras desventurados otro mirar, menos lúdico, más ansioso, ambicioso y quizás si hasta cruento. La posible "epopeya" de lograr nada menos que la titánica meta de mantenerse en segunda división ha troncado su estilo, su galanura, su garbo. Y eso, simplemente señores, no puede ser. Habrase visto. Y ustedes ya lo saben, hay sólo un camino. Que se vayan todos.

Una golondrina no hace verano

por Torcuato Merengano, el imperturbable
Sería muy fácil. Qué cosa más evidente que dejarse llevar por la euforia pasajera, por el efluvio onanismático de un sencillo golpe de suerte. Qué proceder más ramplón que golpetear espaldas tocadas, transitoriamente, por la mano de la fortuna.


Pero no, todos quienes estuvimos ahí sabemos lo que pasó. Sólo los que vimos este encuentro supuestamente llamado a convertirse en leyenda sabemos que no fue sino una nueva muestra de incoherencia, de volubilidad, de pasmo estético. Si se me permite la expresión, no muy académica pero sí muy enfática, Central ganó de raja, así de simple.

No se irá a pensar que un equipo que lleva un año ejemplarmente dando la hora podrá despertar de un momento a otro. No, señores, Central anda en lo mismo. Confusión táctica, desánimo orgánico, incoherencia estética, inconsecuencia filosófica. Lo peor de todo es que este azaroso acontecimiento tiene a sus integrantes en una suerte de obnubilación que les hace un flaco favor dentro de sus limitaciones.

Pero todo pasará y volverá todo lo que ha conformado la impronta de este infeliz puñado de aventureros sin dicha. Volverán las oscuras golondrinas, porque una sola no hace verano y toda la felicidad actual no será sino estrépito y cenizas de un chispazo accidental.

Sin embargo, algo se puede hacer aún. Si lo quisiera, Central podría enmendar rumbo y buscar mejores caminos. Es el momento de hacerlo y, así, las cosas podrían ser distintas. Hay sólo una opción. Que se vayan todos.

¿Qué pretende Central?

Por
Torcuato Merengano

Central Periférico es, sin duda, un equipo de temer. Cada vez que entra a la cancha teme que le vayan a dar una boleta. Así ha sido, efectivamente, en todos los partidos de la presente temporada. En todo caso, tal como los esquimales que pueden distinguir diversas tonalidades de blanco con la más absoluta sutileza, los guerreros del Periférico logran hacer diferencias minuciosamente magníficas para las que suelen ser definidas en el mundo real como "boletas", sin mayor distinción.

Así, podemos ver cómo, tal como lo hacen los especializados analistas políticos que logran ver avances sostenidos después de evidentes catástrofes electorales, los integrantes del equipo sacan cuentas alegres cuando consiguen un "digno empate" en un primer tiempo o cuando creen ver en la etapa complementaria a un conjunto "más entusiasmado". No señores, Central vive una crisis estructural a la que sus dirigentes piensan hacer oídos sordos, aprovechándose de la nula actitud crítica de su hinchada o, peor aún, de la inexistencia de esta última. No por eso deben dejarse pasar muchos partidos más antes de que se tomen las medidas que pueden mejorar en algo la delicada situación de este equipo que supo de jornadas gloriosas en los albores de su existencia, como cuando su presidente se encontró una luca en la calle o cuando su capitán ganó un inolvidable partido de brisca en la plaza O'Higgins de Valparaíso.

Las acciones desesperadas de los dirigentes y su caos organizativo llegó al clímax cuando el sábado pasado apareció un nuevo "refuerzo", arrogándose un conocimiento de dos integrantes del plantel que, curiosamente, no estaban en ese momento. Motivos suficientes, sin embargo, para que se le sumara a la formación titular y, peor aún, como centro delantero, sólo porque no había jugadores suficientes para empezar el partido. Los resultados del "goleador" son por todos conocidos, lo saben los rivales, los compañeros de equipo, y la dueña de casa a la que se le quebró un vidrio. Esa es, a mi juicio, la prueba más palpable de un caos que no sé a dónde nos va a llevar. Hay que buscar nuevas soluciones, probar nuevos caminos. Que se vayan todos.